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8.4.15

Kalipo






Ayer una bandada de pájaros vino a despedirte. Yo no lo sabía. Ni siquiera pensé en lo extraño que sonaba aquel coro dentro de casa, ¿En el salón? ¿En la cocina? Una bandada de pájaros cantarines se había instalado en algún misterioso lugar. Y tú te has ido esta mañana, has volado como buen pajarito. Estabas viejo y te pasabas el día durmiendo, te habías quedado ciego, tal vez también sordo pero seguías ahí, esperando. Muchos días te di por muerto pero no, no quisiste levantar el vuelo, hasta hoy. Acaso porque hoy es un alegre día de primavera, un día de luminoso, y los pájaros son de la primavera. Has sido parte de mi paisaje, sobre todo cuando los domingos cocinaba y salía mil veces a la terraza y tú cantabas y hacías tus gracias y yo limpiaba escrupulosamente tu jaula y te decía piropos, que a guapo y presumido nadie te ganaba. Alguien, con muy buen criterio, ha dicho que llorar a un pájaro es algo exagerado. Y lo es. Sólo que tú, Kalipo, mi precioso canario amarillo, no eras un pájaro cualquiera. Tenías nombre de polo de limón aunque sonaba a dios griego del Olimpo, tú tan pequeño y majestuoso.


Eras del cielo pero viviste toda tu vida en una jaula. Si los pájaros tienen alma y si las almas necesitan de alas para volar, sé que hoy tus alitas inertes te habrán llevado tras la estela de una golondrina a surcar el cielo de la primavera, al que siempre perteneció tu preciosa alma de pájaro.

21.3.15






No les quedaba pan en la cafetería-confitería donde desayuno todas las mañanas así que me pedí el café con leche a palo seco, sin compañía de la espartana y saludable tostada de pan con tomate. Me esperaba una larga y desagradable jornada de trabajo y un día es un día ¡qué caray! así que sucumbí a la tentación de pedir un croissant recién hecho. Mientras lo paladeaba y miraba el periódico escuché que alguien le decía a alguien: Hoy es el día mundial de la felicidad. Y me hizo gracia porque por un instante yo sentía que la estaba paladeando; una mezcla inusual y cálida, que sabía a mantequilla.

Por la tarde, tras confirmar mis peores temores y tener una desafortunada y aciaga jornada de trabajo, dormitando entre siesta y siesta, me pareció escuchar en televisión que alguien que le decía a alguien: Hoy es el día mundial del gorrión. Lo primero que me vino a la cabeza fue este blog. 

¿Existe el día mundial del gorrión?... Olé. El gorrión, tan señorial, tan frágil, tan pequeño, pero con esa imponente pose de seguridad. Se lo merece… ¡Tener un día! Los gorriones son seres mucho más educados y exquisitos que la mayoría de la gente que conozco. Siempre que veo un gorrión me paro a mirar sus enternecedores saltitos, y cómo toda su naturaleza gravita al margen de todo, especialmente de los humanos, seguramente para ellos, los más incomprensibles de todos. 

Asociar la felicidad a los gorriones, el mismo día, me parece espectacular. No sé si es que soy una sentimental, o que he tenido un mal día, o si alguien va a tener razón y es que voy de rebelde!




9.3.15

Precioso



¿A quién no le dieron las doce y la una y las dos y las tres…? ¿Quién no prefirió volar, aunque quedase maltrecho? Me parece una preciosidad de canción…






Una letra muy especial, es el talento de Sabina: mezclar la poesía con lo cotidiano …

"Sé que no lo soñé"- 
protestaba mientras me esposaban los municipales 
en mi declaración 
alegué que llevaba tres tientos 
y empecé esta canción 
en el cuarto donde aquella vez te quitaba la ropa 
y nos dieron las diez y las once, las doce y la una 
y las dos y las tres
y desnudos al amanecer nos encontró la luna.

1.3.15

Hija del viento y la lluvia









El viento rabioso del noroeste azota árboles y casas; corre a través de los gigantescos pasillos entre los montes gris azulado que animan apenas el horizonte de esta tierra semidesértica. El aire corre hacia el mar, despejando la humedad del ambiente y trayendo el seco frescor del interior. Dando tumbos entre las ráfagas violentas, se mueven las primeras noticias de la primavera próxima, ese tiempo confuso y alterado que fragua, poco a poco, la mullida delicia del buen tiempo. Mediado ya el invierno, El sudeste español se prepara entre espasmos para un nuevo resurgir de su naturaleza precoz; el frío de baja entidad y alta penetración por su composición húmeda, hace más daño a los huesos que a la piel, mientras que la luz intensa, atempera esa sombría idea del invierno que todos tenemos. 

Las lluvias del invierno, aunque escasas, disparan la urgencia de millones de semillas invisibles diseminadas en el suelo reseco. Estas hierbas modestas y tenaces, tras una larga espera impuesta por la sequía, aprovechan la primera ocasión para tapizar de verde el suelo pelado. Crecen vertiginosamente, como si fueran conscientes de un retraso en el reloj natural; de haberse saltado varias estaciones. 

Las flores silvestres, como un conjuro, invocan a las abejas, y estas, a los abejarucos que volarán desde África para predar sobre ellas. Cada fenómeno se encadena a otros en una sucesión imparable a la que comúnmente llamamos: vida; y esta, bajo tierra, se afana forjando las nuevas criaturas que liberará cuando el termostato biológico dé la señal, el pistoletazo de partida al asombroso maratón de ejércitos de insectos corriendo hacia el final del verano siguiente. Alterará la estación de las flores todo a su paso, vestimentas, temperamentos y paisajes; desatará campañas comerciales y fiscales; inaugurará la temporada de los ritos paganos de siempre, con retoques culturales puntuales.

Anunciará la liviandad de las costumbres, la vacuidad de los entretenimientos y una sensible merma en la calidad de las manifestaciones artísticas más promocionadas. Hija del viento y la lluvia, la primavera prende flores y hojas nuevas en los árboles desnudos; llagas en el ánimo de ciclotímicos y bipolares, y color, el vibrante color de un nuevo ciclo reinventando lo eterno.

Abel Granda




Este texto es un regalo de cumpleaños. Belleza y descripción inmejorablemente expresadas. Al hacerlo público deja de ser placer de mi exclusiva incumbencia, deja de estarme reservado y pasa a darle sentido al título de este blog. Mil gracias, Abel
También me entusiasma la fotografía, que parece un pintura, podría ser una mujer contemplando la llegada de la primavera… Me encanta por su armonía, por su delicadeza, por sus connotaciones clásicas, por su poesía, por su composición, por el ensimismamiento de contemplar a la que contempla y sobre todo porque me transmite su ensimismamiento y su calma o será simplemente porque me identifico con ella.




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22.2.15

FELICIDADES


Mi querido fotógrafo y amigo y viceversa

Esto es suyo:





Para quienes el sentido está en el viaje, no hay posada ni oasis perpetuos que muevan sus pasos; son seres que buscan, pero en realidad no saben qué. Sólo tienen claro que nunca se llega, y hay nuevos principios tras cada final; han aprendido, que si todo tiene fin, es mejor que uno mismo lo escoja, y pasan la vida en esa soledad en defensa propia, que abre todos los caminos.
A veces, sólo a veces, cuando escuece alguna cicatriz, se inquietan, y temen ir a dormir, por si soñaran que han llegado, y se es feliz allí.



19.2.15

Elogio de la vida



Un instante de belleza


Hice unas cuantas cosas en la vida, es cierto, pero las hice sin pensar en que me sirviesen para asegurarme el porvenir, únicamente porque siempre tuve el sueño de labrarme un pasado. 
(Jose L. Alvite)

9.2.15

Sombras...? No, gracias


El amor es la respuesta, pero mientras lo esperas el sexo plantea algunas preguntas bastante interesantes
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Woody Allen (no podía ser otro)



Hace poco me preguntaba una amiga si merecía la pena ir al cine a ver “50 sombras de Grey” No he leído la novela porque no es literatura (creo que es mala literatura, como mucho, entretenida) y no iré a ver la película porque no es cine. Leer la trilogía o ver la película me da tanta pereza que casi me produce fatiga. Pero a raíz de esta pregunta, me he informado sobre el argumento (leer en Wikipedia y ver el tráiler) y aunque no debería opinar de algo que no visto ni leído, no puedo escapar a la tentación de hacerlo, al igual que hace el líder de Podemos cuando dice eso de: “No me fío de los políticos que hacen promesas. Eso sí, os prometo una cosa…”

Me resulta muy difícil condensar en palabras lo que entiendo por seducción pero intentaré describirla brevemente. Una historia de seducción es una historia de conquista en la que puede suceder (y sucede) cualquier cosa. La seducción hace desplegar la sensualidad, que los sentidos disfruten hasta el mínimo segundo en una permanente invitación al placer. La seducción es un halo del que emana la fascinación, el magnetismo y la fuerza de una atracción contagiosa. Así pues, una historia de seducción, ni siquiera en la ficción, podría funcionar con el vendedor del puesto de periódicos, o con el fontanero que viene a casa y te tira de espaldas con el sudor, ni con tu compañero de oficina que nunca supiste porqué guarda unos calzoncillos en el cajón; ninguno de ellos podría sacar de paseo a tu diosa interior, y si por añadidura te arrea un sopapo, en un siempre hipotético escarceo, lo único que va a despertar en ti es a tu monstruo interior y los deseos de responder al masculino dominante con un bate de béisbol. Una historia de seducción con un trasfondo de sadomasoquismo sólo puede ser creíble en la ficción novelesca, como es el caso de las sombras de Grey, con un efebo atractivo y –sobre todo- de una fortuna arrebatadora. Pero yo siempre he sentido aversión por las historias prefabricadas de amor, sexo y lujo; historias de laboratorio, a las que se van añadiendo ingredientes también prefabricados que, al final, te lo venden como producto original, sin espacio para que tú pongas la imaginación, porque la imaginación es el producto. Y sin embargo ahí está el mayor éxito editorial de la historia, entre otras razones, gracias a una gran promoción comercial y a frases como: “Es un libro escrito por una mujer para mujeres” “Millones de lectores a los que les ha cambiado la vida 50 sombras de Grey”.

La literatura es en sí misma una entelequia que ofrece múltiples sendas, infinidad de variantes en un mundo de palabras, ideas y sueños. Puede ser un juego inocente o un arma peligrosa, un vacuo entretenimiento o un arma trascendental. Un libro puede, incluso, ayudarte a conocerte a ti mismo. Así que es importante saber muy bien qué libro eliges. 

23.1.15

Lo que verdaderamente importa



La vida son los árboles que guardan en su corteza toda la sabiduría del mundo, los pájaros que se niegan a ser presos de nadie, la luna y sus mil secretos, el cielo que intenta en vano ocultarnos las estrellas, el mar salvaje e infinito. La vida es la ternura que cristaliza en un beso, la melodía que te estremece, la mirada que atraviesa tú corazón.




Y llega ese momento en la vida en el que te paras. Los años pasaban empañados por la poderosa e inevitable inercia humana de avanzar constantemente: el mañana, la próxima semana, el futuro, los planes, los objetivos, los proyectos, las metas… Siempre obsesionados con el siguiente escalón. Inmersos en esa carrera somos ajenos a la reflexión, estamos tan concentrados en nuestros pasos que despreciamos el camino. Pero entonces, cuando has recorrido un buen trecho, comprendes que ya no tienes tanta prisa: los recuerdos van remplazando a los sueños, encuentras tú lugar en el mundo y sientes que estás conforme contigo y con la vida. Se pierde la ambición y la incertidumbre de la juventud, pero no la necesitas porque ahora sólo te apetece sentarte en mitad del camino, respirar hondo y mirar a lo lejos el sol de la tarde. Ahora en vez de bebértela a tragos, degustas por primera vez la vida… ¿Y qué es la vida?
La vida son momentos, instantes, fotografías en nuestra historia personal que no las pierde el tiempo, pese a que están cubiertas de una espesa gelatina. La vida es la sonrisa que intentas conquistar cada día. La vida es la gente que tú quieres y que ellos también te quieran a ti.



16.1.15

Cumpleaños




Descorché una botella de champagne francés que compré en Avignon hace unos días (me di el gustazo), a solas, brindé, bebí y besé tus labios con mis labios mojados… Brindé porque nadie me podrá quitar nunca los momentos intensos, plácidos, bonitos, románticos, pasionales y felices… Los instantes de belleza y la magia que los envuelve. Transitando por las viejas calles de mi memoria comprendí una verdad absoluta:

No puedes pretender cumplir años sin sentir la añoranza de tus mejores recuerdos.

Siempre he sido un poco bohemia, un poco solitaria, un poco excéntrica (pero no de salón sino de puertas adentro)… Siempre he tenido alma de vagabunda… Y siempre he tenido miedo a sentir demasiado; miedo a que me hagan daño… Demasiado vulnerable. Cumplir años duele pero no cumplir años mata. Y me digo: No debes tener miedo si tienes un lugar a donde ir y un lugar donde volver. No debes tener miedo cuando tienes tiempo. No debes tener miedo cuando lo peor que puede pasar ni siquiera es malo.

Poca gente sabe que muchas veces se trata de ver las cosas con humor y tratar de quitarle hierro.  No soluciona nada pero hace que todo sea más fácil; y con él, conseguir una perfecta adaptación a la vida que, de manera apriorística, nos causa tantas incertidumbres… Es caprichoso el azar y nada de lo que él nos depare nos puede ser ajeno.


PD. Gracias a la vida por regalarme años. 




9.1.15




"Entendí 
que en esta vida 
hay cosas que llenan a miles de personas 
y que a mí
no me dicen nada" 







… Lo que me gustaría es tener un ojo en el microscopio y otro en el telescopio... ser capaz de mirar lo que no se mira, pero que merece ser mirado, las pequeñas, las minúsculas cosas de la gente anónima... ese micro mundo donde yo creo que de veras se alienta la grandeza de este mundo y, al mismo tiempo, ser capaz de contemplar el universo desde el ojo de la cerradura, desde las cosas chiquitas asomarme a las cosas que son más grandes, a los grandes misterios de la vida… (E. Galeano)

28.12.14



“No podemos hablar del pasado, ni del futuro porque no existen, pero no hay presente sin pasado, ni ilusión sin futuro”





He montado un árbol de Navidad. Es un árbol sin hojas, desnudo, únicamente exhibe unas enjutas ramas de papel de plata. En él he puesto mariposas de colores, luces blancas que se encienden y se apagan, unos pajarillos de purpurina plateada, unas manzanas de cristal y unos muñecos de trapo de Papá Noel… ¡Todos colgados!  Ahora caigo en la cuenta: no es un árbol de Navidad, lo único navideño son los muñecos y parecen que están ahorcados.

No, no he montado un típico árbol de Navidad, inconscientemente he construido un símbolo: las ramas despojadas de hojas son los años que nos despojaron del tesoro de la inocencia, los muñecos que cuelgan ante el abismo representan nuestros intentos por impedir que nuestras ilusiones infantiles las engulla el olvido. No es un árbol sino un fantasma: el fantasma de navidades pasadas, un fantasma que carga con el insoportable y silente peso de los que ya no están.

Pero también es un árbol insólito, como un sueño a medida, como casi todas las cosas que me gustan y que no tienen sentido. Un árbol iconoclasta, un árbol maravillosa y conmovedoramente absurdo: como nuestra determinación de no desprendernos jamás de nuestra infancia.