Translate

23.3.14

Masters of Sex






Ana Freud (hija de Sigmud Freud) da una conferencia sobre el sexo en un hospital de Estados Unidos:“Mi padre revolucionó el pensamiento moderno con su forma de ver la sexualidad femenina. Pero al final de su vida admitió que su conocimiento sobre la psique femenina era limitado. Si quieres saber más sobre la naturaleza de la feminidad, dijo, deberás consultar a los poetas”

No puedo resistir la tentación de decir que la frase, en su cinismo, tiene mucho de verdad.  Pero no voy a hablar de eso. La frase es el principio del Capítulo 8 de la Primera Temporada de Masters of Sex. He visto la primera temporada y casi me ha entusiasmado. La he visto subtitulada y una de las cosas que más me ha gustado es poder escuchar la sugerente voz de los actores, merece la pena. Es una serie distinta, atrevida, con un buen ritmo narrativo sin bien al principio despierta mucho interés y pasados los primeros capítulos la fórmula parece ir agotándose. Diré de manera sucinta y resumida que la serie se ve con curiosidad, entretiene y los protagonistas están estupendos, la actuación de Michael Sheen como Dr. Masters es lo mejor sin duda. Mi alma cinéfila siempre se ensancha con las buenas interpretaciones.



Me quedo también con las palabras de la escena final del último capítulo de la primera parte. También me quedo con la escena. Por supuesto no voy a hablar de ella para no fastidiarle el final a quien no la haya visto. Nada más lejos de mi intención.  


17.2.14







He pasado la mañana flotando –literalmente- sobre las cálidas y saladas aguas de la piscina de un spa del Mar Menor. La concentración de sal en el agua es tan grande como podría ser la del Mar Muerto, con la ventaja de que no te tienes que desplazar a tan lejano lugar para experimentar la maravillosa sensación de ingravidez de flotar. Aún tengo el pelo mojado y mi piel huele a sal y a spa. Acabo de comer en el Calle Mayor, un restaurante de El Pilar de la Horadada (qué nombrecito: “de la hora dada”… me persigue el paso del tiempo). Allí por imperativo del dueño te sirven, lo quieras o no, una crujiente barra de pan de horno recién hecha, con sobrasada. Son las cuatro de la tarde, salgo a la calle y me dispongo a entrar en el coche pero he decido esperar unos minutos para recibir en la cara los rayos de un sol que ya anuncia Primavera. De la nada surge la figura de un borracho, va cantando a voz en grito: “Mi voz igual que un niñooooo, te pide con cariñoooo ven aquí y abrazameeeee…” plácidamente apoya las manos en sus hombros haciendo un gesto indescifrable, tal vez sea un abrazo pero más bien parece el desperezar de un simio. Hay momentos en los que su voz apunta maneras musicales pero desafina tanto en los agudos que no sé si está emulando a Bertín Osborne. Sonrío. Fijo la mirada en el cielo y reparo en lo altas que son las copas de los árboles.  Los árboles y los gorriones son mi dopamina natural. El sol se filtra entre las nubes y llega hasta ellos formando una cortina de luz, la voz del borracho se aleja, su figura ha desaparecido, es ya un murmullo, sólo una voz, pero aún se escucha un lejano y potente: “Porque te quiero, te quierooo, te quierooooo, te quierooooooooo y hasta el fin...” 

Tendemos a buscar la belleza en situaciones artificialmente prototípicas, en marcos aburridamente perfectos, en tópicos sin alma. Y no nos solemos detener a saborear esas situaciones absurdamente sublimes que a veces nos regala la vida. Ni resplandecientes amaneceres, ni íntimas noches estrelladas: nada iguala la fuerza emotiva de ese borracho expresando su amor a nadie en mitad de ninguna parte.
 
Apoyada en el coche, con el estómago lleno, con la piel fresca y con el sol de invierno acariciándome el rostro, aún puedo oír un eco desafinado y enternecedor asegurando que la quiere. Sonrío. Cierro los ojos. Respiro lenta y profundamente. Y entonces me regocijo en el bellísimo patetismo que me ha obsequiado una tarde de sábado cualquiera.

29.1.14

J'attendrai


"... Lo más hermoso de los sueños son los increíbles encuentros de cosas y gentes que en la vida normal jamás se encontrarían; en un sueño, una bar­ca puede entrar por la ventana de una habitación..."  M. Kundera
 
 
Es mediodía, apenas hay gente. Decoración exquisita, funcional y minimalista. Se escucha el hilo musical con buen sonido. La tienda es muy grande, pertenece a una cadena francesa especializada en ropa exclusiva y original, toda ella está cuidadosamente colocada y expuesta a lo largo y ancho del establecimiento, un lugar especialmente concebido para personas con alto nivel adquisitivo que disponen de poco tiempo pero gustan de colgar en sus armarios prendas de diseño y tejidos nobles.  
Man la observa a través de un enorme espejo. Ella -unos metros de espaldas a él- está leyendo atentamente la etiqueta de una blusa de seda beige, se siente observada, levanta la vista hacia el espejo y descubre el rostro sonriente y sumamente atractivo del hombre que está tras ella. Hay un juego de miradas a través del espejo, él le hace un gesto afirmativo con la cabeza dando su aprobación a la blusa. Ella le guiña el ojo y se echa a reír. Él le sonríe. Su sonrisa es extraordinariamente pícara y cautivadora. Se conocen bien, se reconocen, se saben, pero es la primera vez que se ven en persona. La casualidad ha querido que –por motivos laborales- hayan coincidido en Madrid en las mismas fechas y han elegido para su encuentro un lugar “neutral”, aséptico, desconocido para ambos. El lugar idóneo salir por la puerta en cualquier momento. Pero también existe la posibilidad de que salgan de allí juntos.
 
Continúan sus compras, recorren detenidamente la tienda, se miran de reojo, se acechan... Esta vez es Man el que sostiene en la mano un pantalón de vestir azul marino con una trama pequeña de cuadros, casi imperceptible. Le gusta ese color por lo que tiene de mar y de azul, quizás por el nombre y por su sobria elegancia. Es ella ahora la que le está observando desde un rincón, tiene la mano derecha extendida y levanta su dedo pulgar en señal de acierto en la elección de la prenda.  
Se acercan uno al otro, de forma casual, atraídos como imantes. Se encuentra frente a frente con ella, que lo mira fijamente con sus ojos brillantes, pasan unos minutos en silencio recorriéndose insolentes con la mirada,
—Sabes, quería... —dice él dominando la situación—, me gustas Helen eres la mezcla perfecta de pasión, afecto y deseo”.
Ella piensa en ese momento que la vida es demasiado corta para no enamorarse cada día, pero guarda silencio meditando lo que va a decir, calibrando las palabras que le salen del corazón, tratando de filtrarlas por las fuentes de la razón. Por eso Helen siempre es impredecible.
 
Se dan la mano con una sonrisa, es la primera vez que se tocan. La mujer le acaricia la cara con ternura.
-Tal vez no ha sido una buena idea, dice ella. Vuelve a acariciarlo, le sonríe y se aleja.
 
Man se equivoca al pensar que se trata de una sutil despedida. No sabe qué hacer. Desconcertado se dirige a los probadores llevando en la mano el pantalón que ella le señaló. Los probadores son amplios, forrados de espejos, de los que se aíslan con una simple cortina sino con una puerta de madera. ¿Qué pasará cuando salga de allí… continuará en la tienda… se habrá marchado? A los pocos minutos alguien llama suavemente a la puerta. Parapetado tras ella la abre y asoman la cabeza... ¡Es Helen! lleva en la mano la camisa que él le señaló, y en un movimiento rápido y ágil de perfil se cuela entra en el probador. Él la observa interrogante, agradablemente sorprendido…
-¿Nos probamos?, le dice Helen señalando las prendas de vestir con evidente doble sentido. 
 
CONTINUARÁ

 

 

27.1.14

Todo un personaje





Era una mañana de invierno (así empiezan las cosas) 
No había lugar en la Tierra 
No había lugar 
No había tierra 
Y él, impertérrito... 
Tan pequeño 
Tan colorido 
Con esa pose

19.1.14

Especial, único, mágico

 
 
 
 
Gracias por este gran regalo de maravillosa factura, por esta pequeña joya con un enorme corazón, por hacerme reír, por compartir lo más hermosos que existe en esta vida: el humor.
 
(PD. Fotografía del hombre tranquilo: ¡Obra maestra!...Homérica)

 

21.12.13

21 de diciembre. Un año sin ti

 
 
  
Amadas, idealizadas voces
de aquellos que murieron o de aquellos
perdidos para nosotros como los muertos.
A veces hablan en nuestros sueños
a veces las oye nuestro espíritu en el pensamiento.
Y con su rumor por un instante regresan
ecos de la primera poesía de nuestra vida
como una música lejana que se apaga en la noche.
(K.Kavafis)



Hoy hace un año que te marchaste. Era el día que los mayas profetizaron el fin del mundo.

Si pudiese manipular las leyes de la naturaleza volvería atrás en el tiempo y reviviría la magia de aquellos pasajes que permanecen siempre a nuestro lado. Uno de aquellos pasajes fue mi infancia, una infancia en la viví sumida en la ingenuidad y en una eterna felicidad; una infancia (y por ende mi vida) que no se entiende sin los interminables veranos que pasé a tu lado. Como todos los niños, creía que mi padre era perfecto, infalible e inmortal y que nada malo le podría pasar. Pero la vida siempre sale al paso.
No recuerdo más que lágrimas. Consciente de que tu final estaba cerca, luchaste con todas tus fuerzas porque no te querías ir. Nunca olvidaré tu cara de felicidad cuando esperábamos en la puerta de urgencias del Hospital a que una ambulancia te trasladase de regreso a casa, “Parece que también he salido de ésta”, dijiste.
Me siento inmensamente afortunada de que fueses mi padre. Estos días de reencuentros duele saber que no nos volveremos a ver. Sin embargo, más allá de la pérdida, de la distancia, del vacío, conservaré tu amor toda la vida, papá.

 


 


13.11.13

9.11.13

 
 

 
 
"Te enamoras y de repente la vida vuelve a estar ordenada. Antes de que esta persona llegara a tu vida todo era un caos. Cuando esa persona se va, el caos regresa. Con amor hay una sensación de totalidad y el caos queda eliminado. Es la forma más perfecta de vida civilizada" Al Pacino
 
¡Qué compromiso leer en una boda!
Hace unos años, a la salida de una boda que había resultado inusualmente emocionante, me entretuve en la puerta de la iglesia saludando a unos novios que también tenía previsto casarse en breve. Como no sabíamos de qué hablar pero -por cortesía- debíamos hacerlo, el novio, tomo la iniciativa y exclamó: "Ha sido una boda preciosa y distinta". A lo que yo -por continuar la conversación- respondí ironizando: Sí, es que a veces, por increíble que parezca, hay parejas que se casan por amor. Me quedé helada cuando les observé y en lugar de sonreír estaban atónitos, serios y pensativos (sobre todo él). Ahí finalizó la conversación... ¡Uffff... Dios, por qué dije esa tontería!
 
De ella sólo he sabido que vive en Italia. De él, que se casó. Con otra. 
 
 

6.11.13

En algún lugar







Todo el que me conozca sabe que amo la fotografía. Ésta me impresionó nada más verla. Ha ganado un concurso mundial de no sé qué. Más que una fotografía es una historia, es el tipo de fotografías que yo llamo "narrativas". Hay algo que me desasosiega en ella, algo irracional, por supuesto, pero es que yo lo soy también en determinados parajes mentales. Me imagino al fotógrafo en un lugar remoto esperando que suceda algo increíble y, de pronto, sucede. Muchas cosas en la vida son así, a salto de mata, como impulsos de la rana, nada graciosos, por cierto. Me pregunto qué pasó al instante siguiente. El oso simplemente estaba, todo el mérito es de fotógrafo. Hay que ser muy osado.

16.6.13

¿Perdernos?




 “…Procura ser sabia: filtra tus vinos, y a un plazo breve reduce las largas esperanzas. En tanto que hablamos, el tiempo envidioso habrá escapado; échale mano al día, sin fiarte para nada del mañana".
Horacio (Oda)





Son las palabras de un poeta clásico y probablemente se trata de un sabio consejo. En relación con el mismo te diré que no tengo intención de filtrar el vino blanco (prefiero beberlo contigo), que las esperanzas ya se reducen por sí mismas o por el simple transcurso del tiempo,  pero te voy a proponer algo: No fiarnos del mañana y perdernos. ¿Abrimos las alas y nos perdemos? 
Perdernos como los gorriones, sin prisa, sin miedo. Perdernos bajo los árboles, a ver caer las flores de las jacarandas. Perdernos como pequeños dioses, entre brumas azules. Perdernos en la piel del otro...  Perdernos para vivir,  en la sola razón del momento.


28.5.13

¿Qué hemos estado haciendo de nosotros hasta ahora?


“El Amor en los tiempos del cólera” es mi novela favorita junto con “La insoportable levedad del ser”. Por su romanticismo y por ser verdaderamente conmovedora la considero la más hermosa y convincente demostración de que en la vida de un hombre sólo existe una mujer con la que puede conseguir una unión perfecta. Sé que rebaso las fronteras de la ñoñería, pero lo merece con tal de dedicártelo, my Darling. Diré en mi descargo que no pienso las situaciones, sólo las siento y las visualizo. Que sólo el cielo me juzgue (y que Gabo me perdone).


... sin separaciones,
íntima soledad
en los eternos lares,
en los espacios inconmensurables,
en sueños sobrehumanos.
(Tristán e Isolda. R. Wagner)



En medio de la noche el pálido reflejo de la luz del barco va dibujando una estela de diminutas olas en el río Magdalena. Florentino Ariza escucha a través de las notas de un antiguo gramófono la escena de la muerte de Isolda. Al igual que Tristán, Florentino cree que el amor perfecto pertenece al mundo de la noche. Abducido por la hipnótica música, llora.

Fermina Daza aparece de improviso en la cubierta del barco y silenciosamente se sienta a su lado. Nadie diría que se acaban de conocer. Unos ojos brillando en la oscuridad se miran, se reconocen y ya nada tiene remedio. Un enamoramiento wagneriano se produce entre ellos de inmediato.

-Déjame coger tu mano -Ella sonríe y hace un gesto de afirmación. No quiere hablar, trata de no romper el instante.
-¿Sabes lo que responderé al capitán del barco cuando me pregunte hasta cuándo vamos a estar río arriba y río abajo?... Será muy simple le diré la respuesta que tengo preparada desde hace más de cincuenta y tres años: Toda la vida.
-Sí, eso le dirás... -responde ella con gesto imperturbable pero profundamente conmovida –Florentino la atrae suavemente más cerca de él.
–Vamos a aprovechar lo que la vida nos pueda ofrecer, Fermina.          
Unas manos trémulas se acarician y unos labios furtivos parecen prestos a desatar una tormenta. Pasan el tiempo en silencio, escuchando las últimas notas de la ópera hasta que ésta llega s su fin.
-Hace mucho tiempo que no beso, Fermina. Bueno, que no beso con amor. Doy besos protocolarios, besos a mi madre, por ejemplo. Pero esos besos que tú y yo sabemos... hace ya tiempo que no los tengo –Fermina, abrumada por la belleza de la música, no sabe qué responder ante la delicadeza de lo que acaba de escuchar. Querría decirle las palabras más hermosas jamás dichas por una mujer, pero sólo acierta a balbucear: los besos perdidos.
-¿Habré perdido la capacidad o, peor aún, el gusto de besar –se interroga Florentino, lleno de pesar. Fermina experimenta una punzada de dolor cómplice. Lo dice un hombre que ha tenido un sinfín de amantes.
-Oh, no, no Florentino, no mientras no hayas perdido la capacidad de amar.
-El gusto de besar -remarca nostálgico- … esos besos donde todo se hace fluido.
-Esos besos que nos aproximan al paraíso -apostilla inmediatamente ella para hacerle saber que le ha comprendido.
-Hasta la carne fluye de una boca a la otra.
-Esos besos que te pasean por las nubes. Esos besos que te bajan del mundo… -responde ella.
-Hasta el último de nuestros recuerdos afluye en nuestra lengua, o en nuestras encías, en una búsqueda frenética del otro y de uno mismo.
-Sí… y sabes que estás condenado –le dice ella con voz entrecortada.
-Cada uno de los dientes del otro se convierte en una ofrenda, una entrega de placer-. Ambos se percatan de que la conversación les está taladrando de deseo. -Fermina, dime ¿Cómo puede ser tan placentera esta soledad?
-Es placentera porque nos arrastra al ensimismamiento... Hay experiencias que no pueden ser aprehendidas por las palabras... ¡Qué difícil es describir un beso!... El poder de los besos ha probado ser un buen salvavidas para asirse y cruzar este piélago de calamidades e incertidumbres.
-Es verdad. Todos los sentidos están activos cuando nos besamos. La vista, el oído, el tacto, el paladar, el olfato… Ver, oír, sentir, gustar, oler todo del otro. ¿Habrá ofrenda más generosa que su saliva? ¿O el tacto de su lengua en la nuestra?
-¿Ya no sueñas con esos besos, Florentino? ¿Ya no sueñas?
-No. Ya no sueño. ¿Sabes alguna forma de recuperar los sueños?
-Florentino, tú y yo estamos soñando ahora. Navegando entre las páginas de un libro, saltando de una orilla a otra... Sintiendo en la piel de otros. Somos pequeñas marionetas en manos de Gabo, niños que juegan a lo más serio del mundo... Ladrones de historias, o mejor; dos gorriones perdidos en un amanecer sin pausa   –Ambos están embriagados por la atmósfera de travesura que respiran.
-¿Y qué quieres que hagamos, Fermina?
-Ser felices. Respirar el dulce olor de esta quimera. Vivir el momento. El momento es como ese beso, cuando se prolonga infinito en el recuerdo.
-Ahora soy feliz. No me preguntes porqué. No necesito saber más… Fermina, ¿te gustan las quimeras?
-La quimera es querer abrir las puertas del cielo, es como la música, como la caricia del viento, del sol o del agua en todo el cuerpo.  
-Fermina, ahí está nuestro filtro mágico, en aquel recodo del río hay un plantío de con toronjil, cañasanta y algún arbusto de reina luisa. Esas tres hierbas tienen un efecto suavemente relajante. Hay quien dice que atentan contra la virtud masculina -Fermina ríe, ambos callan. Hay mucho más que no se dicen por el pudor de ser la primera vez.
-Querida Fermina, ¿Puedo llamarte amor mío?
-Fermina: ¡Preguntemos a Gabo... espera!
-Espero. Fermina, estoy pensando que no quiero tener pasado.
-Sí puedes llamarla así –sentencia Gabo- y tú Fermina también puedes llamarle “Querido”, está en consonancia con el estilo narrativo de la novela, Aunque tú Fermina, a veces deberías mostrarse más arisca y menos ansiosa. Y tú, Florentino, ¿a qué esperas? Ahora mismo deberías besarla.
En ese momento Florentino siente en los labios el beso de Florentina. Le responde, la besa con suavidad, apenas roza sus labios. Fermina sólo admitiría un beso de roce. El beso caníbal lo reservarán para el final de la novela.