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23.1.15

Lo que verdaderamente importa



La vida son los árboles que guardan en su corteza toda la sabiduría del mundo, los pájaros que se niegan a ser presos de nadie, la luna y sus mil secretos, el cielo que intenta en vano ocultarnos las estrellas, el mar salvaje e infinito. La vida es la ternura que cristaliza en un beso, la melodía que te estremece, la mirada que atraviesa tú corazón.




Y llega ese momento en la vida en el que te paras. Los años pasaban empañados por la poderosa e inevitable inercia humana de avanzar constantemente: el mañana, la próxima semana, el futuro, los planes, los objetivos, los proyectos, las metas… Siempre obsesionados con el siguiente escalón. Inmersos en esa carrera somos ajenos a la reflexión, estamos tan concentrados en nuestros pasos que despreciamos el camino. Pero entonces, cuando has recorrido un buen trecho, comprendes que ya no tienes tanta prisa: los recuerdos van remplazando a los sueños, encuentras tú lugar en el mundo y sientes que estás conforme contigo y con la vida. Se pierde la ambición y la incertidumbre de la juventud, pero no la necesitas porque ahora sólo te apetece sentarte en mitad del camino, respirar hondo y mirar a lo lejos el sol de la tarde. Ahora en vez de bebértela a tragos, degustas por primera vez la vida… ¿Y qué es la vida?
La vida son momentos, instantes, fotografías en nuestra historia personal que no las pierde el tiempo, pese a que están cubiertas de una espesa gelatina. La vida es la sonrisa que intentas conquistar cada día. La vida es la gente que tú quieres y que ellos también te quieran a ti.



16.1.15

Cumpleaños




Descorché una botella de champagne francés que compré en Avignon hace unos días (me di el gustazo), a solas, brindé, bebí y besé tus labios con mis labios mojados… Brindé porque nadie me podrá quitar nunca los momentos intensos, plácidos, bonitos, románticos, pasionales y felices… Los instantes de belleza y la magia que los envuelve. Transitando por las viejas calles de mi memoria comprendí una verdad absoluta:

No puedes pretender cumplir años sin sentir la añoranza de tus mejores recuerdos.

Siempre he sido un poco bohemia, un poco solitaria, un poco excéntrica (pero no de salón sino de puertas adentro)… Siempre he tenido alma de vagabunda… Y siempre he tenido miedo a sentir demasiado; miedo a que me hagan daño… Demasiado vulnerable. Cumplir años duele pero no cumplir años mata. Y me digo: No debes tener miedo si tienes un lugar a donde ir y un lugar donde volver. No debes tener miedo cuando tienes tiempo. No debes tener miedo cuando lo peor que puede pasar ni siquiera es malo.

Poca gente sabe que muchas veces se trata de ver las cosas con humor y tratar de quitarle hierro.  No soluciona nada pero hace que todo sea más fácil; y con él, conseguir una perfecta adaptación a la vida que, de manera apriorística, nos causa tantas incertidumbres… Es caprichoso el azar y nada de lo que él nos depare nos puede ser ajeno.


PD. Gracias a la vida por regalarme años. 




9.1.15




"Entendí 
que en esta vida 
hay cosas que llenan a miles de personas 
y que a mí
no me dicen nada" 







… Lo que me gustaría es tener un ojo en el microscopio y otro en el telescopio... ser capaz de mirar lo que no se mira, pero que merece ser mirado, las pequeñas, las minúsculas cosas de la gente anónima... ese micro mundo donde yo creo que de veras se alienta la grandeza de este mundo y, al mismo tiempo, ser capaz de contemplar el universo desde el ojo de la cerradura, desde las cosas chiquitas asomarme a las cosas que son más grandes, a los grandes misterios de la vida… (E. Galeano)

28.12.14



“No podemos hablar del pasado, ni del futuro porque no existen, pero no hay presente sin pasado, ni ilusión sin futuro”





He montado un árbol de Navidad. Es un árbol sin hojas, desnudo, únicamente exhibe unas enjutas ramas de papel de plata. En él he puesto mariposas de colores, luces blancas que se encienden y se apagan, unos pajarillos de purpurina plateada, unas manzanas de cristal y unos muñecos de trapo de Papá Noel… ¡Todos colgados!  Ahora caigo en la cuenta: no es un árbol de Navidad, lo único navideño son los muñecos y parecen que están ahorcados.

No, no he montado un típico árbol de Navidad, inconscientemente he construido un símbolo: las ramas despojadas de hojas son los años que nos despojaron del tesoro de la inocencia, los muñecos que cuelgan ante el abismo representan nuestros intentos por impedir que nuestras ilusiones infantiles las engulla el olvido. No es un árbol sino un fantasma: el fantasma de navidades pasadas, un fantasma que carga con el insoportable y silente peso de los que ya no están.

Pero también es un árbol insólito, como un sueño a medida, como casi todas las cosas que me gustan y que no tienen sentido. Un árbol iconoclasta, un árbol maravillosa y conmovedoramente absurdo: como nuestra determinación de no desprendernos jamás de nuestra infancia.


22.11.14

Dos instantes de belleza

Mañana



Tarde



Mar en calma, una inmensa balsa de agua limpia y cristalina. Apenas una brisa que trae el olor de la sal y de los primeros días de verano. Y es otoño.







10.10.14

El Camino

















"Un regalo no tiene que ser, por fuerza, un objeto que se compra. También puede ser algo que sea únicamente para la vista del testigo. Algo hecho para recordar y no para poseer"

21.9.14

Estocolmo 10 de septiembre de 2014


              A Hem



Somewhere over the rainbow blue birds fly...





27.8.14





¡Lástima que no se presente aquí un perro: Un político al que pueda respetar¡

3.6.14

Sueños de Tango





                                                                                                           ( Fuerteventura, abril de 2014)



Hay paraísos que son de este mundo. Y mis ojos en aquel momento se deleitaban con uno de ellos: un manto de arena blanca se desplegaba con suavidad hasta acariciar la espuma formada por las aguas turquesas, moteadas con el azabache de las rocas. Sí, era una de las playas más hermosas que jamás había contemplado. Me disponía a leer un libro cuando, en un arrebato de lucidez, comprendí que ni podía ni debía hacerlo. Leer nunca es desperdiciar el tiempo… excepto si estás en esa playa, claro. Ante semejante festín visual no me quedó más remedio que sumergirme sin resistencia en la contemplación y el ensimismamiento. Me senté en la arena y, paradójicamente, empecé a pensar en el libro que había decidido no leer. Se llamaba “El Tango de la Guardia Vieja” y hacía un año aproximadamente que lo había comprado en el aeropuerto de Buenos Aires. Su título me resultó tan irresistible ­–algo comprensible teniendo en cuenta que la noche antes había estado dando clases de tango con un bailarín profesional en un salón de baile porteño– que constituyó razón suficiente para adquirirlo. Desde entonces me acompañaba en todos mis viajes. Creo que una de las funciones más infravaloradas e injustamente ponderadas de un libro es su capacidad de inducir el sueño; y la novela de Pérez Reverte ejercía sobre mí un sortilegio hipnótico. Lo llevaba en mi regazo, de aeropuerto en aeropuerto, sabiendo que en las horas críticas cumpliría heroicamente su deber y me asestaría un definitivo golpe narcótico (en un vuelo no hay nada más agradecido que dormirse). Sin embargo, su fuerza somnífera no nacía del aburrimiento o de la falta de interés. Es una historia entretenida y bien contada. Incluso algunas frases me dejaron cierto poso, como la última que recordaba haber leído: “A fin de cuentas, en algún momento de su vida toda mujer es víctima temporal de su útero o de su corazón”. Muy certero, Arturito, jaja, pero no lo suficiente. Si conocieses realmente a las mujeres habrías escrito que toda mujer en algún momento de su vida es víctima temporal de su útero y SIEMPRE lo es de su corazón. Aunque yo en esos instantes no era rea del corazón sino de la reflexión, una catarata de pensamientos absurdos e inconexos fluyeron por mi mente: “¿Qué hay más resistente que la roca y más inconsistente que el agua? Sin embargo, la resistente roca es horadada por el inconsistente agua…”. Nunca he logrado el milagro de la mente en blanco, siempre caigo en el agujero negro de la introspección. Por ello, para conseguir mantener intacto ese ambiente idílico y relajante, decidí mecerme mentalmente por la música. Antes de ni siquiera tener tiempo a elegir la canción adecuada, me di cuenta que mi inconsciente ya la había escogido. El bolero de Les Luthiers resonaba como un eco dentro de mi cabeza. ¿Qué inverosímil conjunción de asociaciones me había llevado a pensar en él en un momento así?

-Solista: Huiremos por las praderas enloquecidamente
-Coro:(menteeee)
-Solista: Huiremos por los trigales con loco ardor
-Coro:(con loco ardorrrr)
-Solista: Iremos… tomados… de la mano
-Coro: (manoooo)
-Solista: Iremos bajo el cielo del verano
-Coro: (… uh, uh)