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16.1.15

Cumpleaños




Descorché una botella de champagne francés que compré en Avignon hace unos días (me di el gustazo), a solas, brindé, bebí y besé tus labios con mis labios mojados… Brindé porque nadie me podrá quitar nunca los momentos intensos, plácidos, bonitos, románticos, pasionales y felices… Los instantes de belleza y la magia que los envuelve. Transitando por las viejas calles de mi memoria comprendí una verdad absoluta:

No puedes pretender cumplir años sin sentir la añoranza de tus mejores recuerdos.

Siempre he sido un poco bohemia, un poco solitaria, un poco excéntrica (pero no de salón sino de puertas adentro)… Siempre he tenido alma de vagabunda… Y siempre he tenido miedo a sentir demasiado; miedo a que me hagan daño… Demasiado vulnerable. Cumplir años duele pero no cumplir años mata. Y me digo: No debes tener miedo si tienes un lugar a donde ir y un lugar donde volver. No debes tener miedo cuando tienes tiempo. No debes tener miedo cuando lo peor que puede pasar ni siquiera es malo.

Poca gente sabe que muchas veces se trata de ver las cosas con humor y tratar de quitarle hierro.  No soluciona nada pero hace que todo sea más fácil; y con él, conseguir una perfecta adaptación a la vida que, de manera apriorística, nos causa tantas incertidumbres… Es caprichoso el azar y nada de lo que él nos depare nos puede ser ajeno.


PD. Gracias a la vida por regalarme años. 




9.1.15




"Entendí 
que en esta vida 
hay cosas que llenan a miles de personas 
y que a mí
no me dicen nada" 







… Lo que me gustaría es tener un ojo en el microscopio y otro en el telescopio... ser capaz de mirar lo que no se mira, pero que merece ser mirado, las pequeñas, las minúsculas cosas de la gente anónima... ese micro mundo donde yo creo que de veras se alienta la grandeza de este mundo y, al mismo tiempo, ser capaz de contemplar el universo desde el ojo de la cerradura, desde las cosas chiquitas asomarme a las cosas que son más grandes, a los grandes misterios de la vida… (E. Galeano)

28.12.14



“No podemos hablar del pasado, ni del futuro porque no existen, pero no hay presente sin pasado, ni ilusión sin futuro”





He montado un árbol de Navidad. Es un árbol sin hojas, desnudo, únicamente exhibe unas enjutas ramas de papel de plata. En él he puesto mariposas de colores, luces blancas que se encienden y se apagan, unos pajarillos de purpurina plateada, unas manzanas de cristal y unos muñecos de trapo de Papá Noel… ¡Todos colgados!  Ahora caigo en la cuenta: no es un árbol de Navidad, lo único navideño son los muñecos y parecen que están ahorcados.

No, no he montado un típico árbol de Navidad, inconscientemente he construido un símbolo: las ramas despojadas de hojas son los años que nos despojaron del tesoro de la inocencia, los muñecos que cuelgan ante el abismo representan nuestros intentos por impedir que nuestras ilusiones infantiles las engulla el olvido. No es un árbol sino un fantasma: el fantasma de navidades pasadas, un fantasma que carga con el insoportable y silente peso de los que ya no están.

Pero también es un árbol insólito, como un sueño a medida, como casi todas las cosas que me gustan y que no tienen sentido. Un árbol iconoclasta, un árbol maravillosa y conmovedoramente absurdo: como nuestra determinación de no desprendernos jamás de nuestra infancia.


22.11.14

Dos instantes de belleza

Mañana



Tarde



Mar en calma, una inmensa balsa de agua limpia y cristalina. Apenas una brisa que trae el olor de la sal y de los primeros días de verano. Y es otoño.







10.10.14

El Camino

















"Un regalo no tiene que ser, por fuerza, un objeto que se compra. También puede ser algo que sea únicamente para la vista del testigo. Algo hecho para recordar y no para poseer"

21.9.14

Estocolmo 10 de septiembre de 2014


              A Hem



Somewhere over the rainbow blue birds fly...





27.8.14





¡Lástima que no se presente aquí un perro: Un político al que pueda respetar¡

3.6.14

Sueños de Tango





                                                                                                           ( Fuerteventura, abril de 2014)



Hay paraísos que son de este mundo. Y mis ojos en aquel momento se deleitaban con uno de ellos: un manto de arena blanca se desplegaba con suavidad hasta acariciar la espuma formada por las aguas turquesas, moteadas con el azabache de las rocas. Sí, era una de las playas más hermosas que jamás había contemplado. Me disponía a leer un libro cuando, en un arrebato de lucidez, comprendí que ni podía ni debía hacerlo. Leer nunca es desperdiciar el tiempo… excepto si estás en esa playa, claro. Ante semejante festín visual no me quedó más remedio que sumergirme sin resistencia en la contemplación y el ensimismamiento. Me senté en la arena y, paradójicamente, empecé a pensar en el libro que había decidido no leer. Se llamaba “El Tango de la Guardia Vieja” y hacía un año aproximadamente que lo había comprado en el aeropuerto de Buenos Aires. Su título me resultó tan irresistible ­–algo comprensible teniendo en cuenta que la noche antes había estado dando clases de tango con un bailarín profesional en un salón de baile porteño– que constituyó razón suficiente para adquirirlo. Desde entonces me acompañaba en todos mis viajes. Creo que una de las funciones más infravaloradas e injustamente ponderadas de un libro es su capacidad de inducir el sueño; y la novela de Pérez Reverte ejercía sobre mí un sortilegio hipnótico. Lo llevaba en mi regazo, de aeropuerto en aeropuerto, sabiendo que en las horas críticas cumpliría heroicamente su deber y me asestaría un definitivo golpe narcótico (en un vuelo no hay nada más agradecido que dormirse). Sin embargo, su fuerza somnífera no nacía del aburrimiento o de la falta de interés. Es una historia entretenida y bien contada. Incluso algunas frases me dejaron cierto poso, como la última que recordaba haber leído: “A fin de cuentas, en algún momento de su vida toda mujer es víctima temporal de su útero o de su corazón”. Muy certero, Arturito, jaja, pero no lo suficiente. Si conocieses realmente a las mujeres habrías escrito que toda mujer en algún momento de su vida es víctima temporal de su útero y SIEMPRE lo es de su corazón. Aunque yo en esos instantes no era rea del corazón sino de la reflexión, una catarata de pensamientos absurdos e inconexos fluyeron por mi mente: “¿Qué hay más resistente que la roca y más inconsistente que el agua? Sin embargo, la resistente roca es horadada por el inconsistente agua…”. Nunca he logrado el milagro de la mente en blanco, siempre caigo en el agujero negro de la introspección. Por ello, para conseguir mantener intacto ese ambiente idílico y relajante, decidí mecerme mentalmente por la música. Antes de ni siquiera tener tiempo a elegir la canción adecuada, me di cuenta que mi inconsciente ya la había escogido. El bolero de Les Luthiers resonaba como un eco dentro de mi cabeza. ¿Qué inverosímil conjunción de asociaciones me había llevado a pensar en él en un momento así?

-Solista: Huiremos por las praderas enloquecidamente
-Coro:(menteeee)
-Solista: Huiremos por los trigales con loco ardor
-Coro:(con loco ardorrrr)
-Solista: Iremos… tomados… de la mano
-Coro: (manoooo)
-Solista: Iremos bajo el cielo del verano
-Coro: (… uh, uh)


14.5.14

En silencio o en voz alta

"Nunca he creído en la bondad natural del hombre. (...) Esto ha provocado que no me sorprenda la exhibición de su maldad. Me maravilla, en cambio, que la gente se haya olvidado de esta natural tendencia al mal, que no tengamos ya memoria de nuestros orígenes. No fue Abel, muerto precozmente, sino Caín el que generó todas las estirpes que pueblan la Tierra. Un cielo vacío y un paraíso fácilmente edificable en la tierra sacaron al hombre de su camino. Entender la técnica -y dominarla- le proporcionó la ilusión de que el mismo saber era extensible al corazón. Sin cielo -y sin camino para recorrer-, también el hombre se torna máquina y, como todas las máquinas, puede funcionar bien o mal, depende de la construcción, del programa y del mantenimiento". (S. Tamaro)


Qué asco, qué rechazo!... Qué insoportable. Los políticos otra vez pidiendo votos. Para qué ¿Para viajar en primera? ¿Para ingresar todos los meses en sus nóminas seis mil euros netos más trescientos euros diarios en concepto de dietas por ir a trabajar cuatro días, de lunes a jueves, (¿Trabajar? ¿En serio?). Luego, cuando tengan 63 años tendrán un incremento de mil quinientos euros mensuales en su pensión… (“la solidaridad no nace de los privilegios de la diferencia”). Y yo, infeliz, no me puedo hacer responsable de este disparate, ni ser cómplice con mi voto.

Me resisto a votar a partidos mayoritarios que han demostrado sobradamente que las mentiras son mentiras, Obscenas mentiras, repugnantes mentiras, abyectas mentiras. Me resisto como una posesa a votar a estos partidos que han impuesto la dictadura de su partidocracia por encima del interés común, por encima la democracia y por encima de la ética. 

También me resisto a votar a partidos minoritarios, a partidos bisagra, proclives a pactar con los anteriores para conseguir mayorías y alcanzar sus pequeñas cuotas de poder y que también usarán mi voto para sus intereses inescrutables y poco claros.

Pero si a algo me resisto y me rebelo y me rebelo hasta la náusea es a que nadie se adueñe de mí “no voto”. Porque si no voto todos dirán que mi intención era votarlos a ellos y que lo hice silenciosamente con lo que no dije dentro de la urna. Es tan asqueroso que hasta ahí llego. No tengo más remedio que ir a votar, tengo que volver el domingo de la playa ex profeso a votar, y sólo así nadie dirá que mi intención era apoyar sus ideas. Sus putas ideas y su puto partido. 

Quiero pensar que votar te protege de algún modo de la manipulación de los políticos. Y sabiendo a quienes no voy a votar y por qué voy a votar ¿A quién voy a votar? ¿A qué partido? si por sí sola la palabra partido me repugna ¿A quién?... ¿Quién no me parece impresentable? Harto difícil si mi opinión es que los políticos son impresentables per sé. Tendré que votar a un partido que no presente a un político… ¿Lo hay? Lo hay.

Javier (Nart), me importa un bledo las ideas que representes, los argumentos que defiendas (dado que por tu sentido común y tu lucidez siempre serán coherentes). Ahora voy más allá de la retórica: hablo de honestidad. Podría creer en tu honestidad como creo en tu inteligencia. Podría creer que podrías ser la aguja en el pajar y hasta podría creer que eres incorruptible. En fin que, como un mal menor, te voy a votar a ti y sólo a ti (no a tu partido) porque desde que te he oído (años ha) estás permanente cabreado (como corresponde) con este mundo políticamente absurdo que no sabe a dónde va y porque cada vez que te has dicho algo, sea lo que sea, me pareció que no hablabas a la galería sino desde lo más profundo de tus convicciones. Sólo hay una cosa en ti que no me gusta: no tienes sentido del humor.

Pero te votaré porque tienes un pelo estupendo para tu edad, te votaré porque no me pareces un impresentable, y porque creo que no te casas con el poder. Te votaré porque espero que si alguien tuviese que defender una causa justa, ese serías tú. Y si me equivoco, asumiré que lo hago, y que me podrás engañar y desilusionar pero… eres el único que podría representar en potencia algo parecido a la utopía y no la náusea putrefacta de hecho, que es lo que desgraciadamente este país de cainitas, de chanranga y pandereta y de incautos, no merece. Y te votaré porque como te he oído decir “que no nos crean a ninguno por lo que decimos sino por lo que hacemos”.