Aunque parezca mentira es invierno.
Tarde de sábado. Gripe o catarro (o lo que sea): fiebre persistente, que no es
mucha pero suficiente para tumbarme en el sofá. Mantita, miel, calor, frío,
calor, frío, calor… dolorcillo de piernas, tos, estornudos, ojos llorosos, trancazo,
postración… ufffffff cómo se notan los años. Todo complota para ocupar la
tarde viendo “La juventud”. Prometedora por su título (y por un cierto espíritu
masoquista), y porque su director es el de “La gran belleza”, una película que me
dejó atónita. No sólo es una película hipnótica para mí, sino también para
mucha gente (un paisano la describió como una obra maestra, una concentración extraordinaria de talento a la que el cine, el relato
clásico, se le queda pequeño, insuficiente para respirar). Respiro mal esta
tarde. A veces más que respirar suspiro. Si he de ser sincera, te echo de menos. Desde que
volví de Madrid, las mañanas –de camino al trabajo- han perdido el brillo. Lo
peor es que me cuesta recordar que cuando abrí este blog, me propuse buscar
todos los días un “instante de belleza” (e intentar plasmarlo aquí), propósito que a empieza a parecerme una
utopía.
…
Es una buena película. Me ha gustado, aunque me gusta más La gran belleza. En realidad me gusta el cine de Paolo Sorrentino, es personal y me encanta cómo reflexiona sobre las cosas. La película me recuerda un poco lo que decía Oscar Wilde sobre la vejez: la tragedia no es ser viejo sino haber sido joven. Siempre he dicho que siento predilección por los actores de cine, en detrimento de las actrices y ésta es una película de actores. Es un placer ver trabajar a Michael Caine, está fantástico, es de esos actores que lo llenan todo con su carisma, y no le hace falta mucho más. Siempre le imprime dignidad a sus personajes, y elegancia. Y está Harvey Keitel, un actor más temperamental, muy bueno también, en realidad dos estilos de actuación muy diferentes.
Es una buena película. Me ha gustado, aunque me gusta más La gran belleza. En realidad me gusta el cine de Paolo Sorrentino, es personal y me encanta cómo reflexiona sobre las cosas. La película me recuerda un poco lo que decía Oscar Wilde sobre la vejez: la tragedia no es ser viejo sino haber sido joven. Siempre he dicho que siento predilección por los actores de cine, en detrimento de las actrices y ésta es una película de actores. Es un placer ver trabajar a Michael Caine, está fantástico, es de esos actores que lo llenan todo con su carisma, y no le hace falta mucho más. Siempre le imprime dignidad a sus personajes, y elegancia. Y está Harvey Keitel, un actor más temperamental, muy bueno también, en realidad dos estilos de actuación muy diferentes.
Dos hombre que han triunfado en lo suyo
respectivamente: un gran director de cine y un músico respetadísimo, en el
ocaso de sus vidas ¿y qué es lo que les importa?: Lo humano, el deseo, las
emociones. Alguien dijo que las emociones están sobrevaloradas, -dice el
personaje de Harvy Keitel- pero eso es una gilipollez (creo que usaba otra palabra);
es lo único que nos queda…”Las emociones
son todo lo que tenemos”. La emoción, la belleza, el deseo…Al fin y al cabo
por mucho que hayas dedicado tu vida a algo que te ha permitido ser alguien sobresaliente o importante, al final lo que te quedará, lo que realmente importa,
lo verdaderamente humano son las emociones.
Las emociones son nuestra onda gravitacional.
Ya es 14 de febrero, un día que no celebro de nunca. En
este punto me voy a resistir a exponer un muestrario de reflexiones deliciosamente
intrascendentes. Me limitaré a decir que no celebro ningún día mundial de nada,
a excepción del día mundial del gorrión. Mucho antes que celebrar el 14 de
febrero celebraría el 14 de septiembre, día en el que se descubrió el
sonido de las ondas gravitacionales en el universo. La fusión por un breve momento,
una fracción de segundo (¡un verdadero instante de belleza¡) de dos agujeros
negros hace mil millones de años, y su vagar errante más allá de nuestra
galaxia, suena como el gorjeo de un pájaro, según los científicos.
La
insoportable levedad de un gorjeo. (Qué maravilla).