Cuánta más belleza, más fuera del tiempo y de la pena, más inmortales.

07 abril 2015

Kalipo






Ayer una bandada de pájaros vino a despedirte. Yo no lo sabía. Ni siquiera pensé en lo extraño que sonaba aquel coro dentro de casa, ¿En el salón? ¿En la cocina? Una bandada de pájaros cantarines se había instalado en algún misterioso lugar. Y tú te has ido esta mañana, has volado como buen pajarito. Estabas viejo y te pasabas el día durmiendo, te habías quedado ciego, tal vez también sordo pero seguías ahí, esperando. Muchos días te di por muerto pero no, no quisiste levantar el vuelo, hasta hoy. Acaso porque hoy es un alegre día de primavera, un día de luminoso, y los pájaros son de la primavera. Has sido parte de mi paisaje, sobre todo cuando los domingos cocinaba y salía mil veces a la terraza y tú cantabas y hacías tus gracias y yo limpiaba escrupulosamente tu jaula y te decía piropos, que a guapo y presumido nadie te ganaba. Alguien, con muy buen criterio, ha dicho que llorar a un pájaro es algo exagerado. Y lo es. Sólo que tú, Kalipo, mi precioso canario amarillo, no eras un pájaro cualquiera. Tenías nombre de polo de limón aunque sonaba a dios griego del Olimpo, tú tan pequeño y majestuoso.


Eras del cielo pero viviste toda tu vida en una jaula. Si los pájaros tienen alma y si las almas necesitan de alas para volar, sé que hoy tus alitas inertes te habrán llevado tras la estela de una golondrina a surcar el cielo de la primavera, al que siempre perteneció tu preciosa alma de pájaro.

2 comentarios:

lobezno dijo...

Estaba cayendo una fuerte nevada y mi padre lo encontró tirado en la acera a la vuelta del trabajo. Una verdecilla a la que simplemente llamamos “el pajarito”. No recuerdo exactamente lo que “nos duró” (un par de años tal vez). En ocasiones lo soltábamos por la casa y se llegó a acostumbrar a nosotros, cabalgando un buen rato encima de nuestros hombros. Murió tras una tarde de agonía a causa de una bienintencionada estupidez de mi madre (todavía le cae cuando procede, “calla que tú mataste al pajarito”). Por la edad y porque hasta ahora he tenido suerte y no ha muerto ningún peso pesado de mi vida, ha sido la pérdida de un ser vivo a la que más escandalosamente he reaccionado (la llorera que madre y tres hijos nos pegamos aquella tarde-noche fue digna de viudedad y orfandad). Al día siguiente lo enterramos en un descampado cercano.

Por aquel entonces yo iba a Catequesis para hacer la Primera Comunión y, a la siguiente sesión, le pregunté a la bonachona señora mayor que nos daba clase, “cuando un animal se muere, ¿va al cielo?”, a lo que respondió, nunca se me olvidará, “no, porque los animales no tienen alma, (no sé si es que puse mala cara y quiso arreglarlo), pero tienen una cosa muy importante, instinto”. Joder, ¿cómo no va a haber Intifada y los niños-bomba? Seguro que en las mezquitas dicen en esos casos, “contrariamente a la doctrina de esos perros infieles, el pajarito ha ido a un paraíso con setenta y dos hermosas golondrinas vírgenes”.

Espero que “el pajarito” y Kalipo se hagan amigos y sean felices persiguiendo golondrinas ... aunque creo que prefieren a las gorrioncitas.

Rodrigo D. Granados . dijo...

Los animales ocupan un lugar en los corazones de los que tiene alma y ven con ella.
Todo lo que ha cantado Kalipo, se quedará en su vida con más importancia que muchos rebuznos de humanos importantes.