Cuánta más belleza, más fuera del tiempo y de la pena, más inmortales.

08 febrero 2015

Sombras...? No, gracias


El amor es la respuesta, pero mientras lo esperas el sexo plantea algunas preguntas bastante interesantes
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Woody Allen (no podía ser otro)



Hace poco me preguntaba una amiga si merecía la pena ir al cine a ver “50 sombras de Grey” No he leído la novela porque no es literatura (creo que es mala literatura, como mucho, entretenida) y no iré a ver la película porque no es cine. Leer la trilogía o ver la película me da tanta pereza que casi me produce fatiga. Pero a raíz de esta pregunta, me he informado sobre el argumento (leer en Wikipedia y ver el tráiler) y aunque no debería opinar de algo que no visto ni leído, no puedo escapar a la tentación de hacerlo, al igual que hace el líder de Podemos cuando dice eso de: “No me fío de los políticos que hacen promesas. Eso sí, os prometo una cosa…”

Me resulta muy difícil condensar en palabras lo que entiendo por seducción pero intentaré describirla brevemente. Una historia de seducción es una historia de conquista en la que puede suceder (y sucede) cualquier cosa. La seducción hace desplegar la sensualidad, que los sentidos disfruten hasta el mínimo segundo en una permanente invitación al placer. La seducción es un halo del que emana la fascinación, el magnetismo y la fuerza de una atracción contagiosa. Así pues, una historia de seducción, ni siquiera en la ficción, podría funcionar con el vendedor del puesto de periódicos, o con el fontanero que viene a casa y te tira de espaldas con el sudor, ni con tu compañero de oficina que nunca supiste porqué guarda unos calzoncillos en el cajón; ninguno de ellos podría sacar de paseo a tu diosa interior, y si por añadidura te arrea un sopapo, en un siempre hipotético escarceo, lo único que va a despertar en ti es a tu monstruo interior y los deseos de responder al masculino dominante con un bate de béisbol. Una historia de seducción con un trasfondo de sadomasoquismo sólo puede ser creíble en la ficción novelesca, como es el caso de las sombras de Grey, con un efebo atractivo y –sobre todo- de una fortuna arrebatadora. Pero yo siempre he sentido aversión por las historias prefabricadas de amor, sexo y lujo; historias de laboratorio, a las que se van añadiendo ingredientes también prefabricados que, al final, te lo venden como producto original, sin espacio para que tú pongas la imaginación, porque la imaginación es el producto. Y sin embargo ahí está el mayor éxito editorial de la historia, entre otras razones, gracias a una gran promoción comercial y a frases como: “Es un libro escrito por una mujer para mujeres” “Millones de lectores a los que les ha cambiado la vida 50 sombras de Grey”.

La literatura es en sí misma una entelequia que ofrece múltiples sendas, infinidad de variantes en un mundo de palabras, ideas y sueños. Puede ser un juego inocente o un arma peligrosa, un vacuo entretenimiento o un arma trascendental. Un libro puede, incluso, ayudarte a conocerte a ti mismo. Así que es importante saber muy bien qué libro eliges. 

5 comentarios:

Anónimo dijo...

GRACIAS !!!!!!!

lobezno dijo...

Na, me pasa lo mismo, no me llama nada. Primero porque el erotismo es un género que siempre me ha decepcionado (sí, es difícil, hasta Kubrick la cagó; tengo pendiente, y algún día me animaré, “Nymphomaniac”, pero tampoco abrigo muchas esperanzas), y segundo, porque ya conozco al protagonista (por la serie “La caza”) y es, muy, muy malo (me recuerda al chico que está de moda en el cine español, el que sale en “El niño” y en “La isla mínima”; que sí, que muy guapos, pero carecen del más mínimo talento para la interpretación).

(P.D.) Hummmmmmmmm, ¿y exactamente qué le harías al masculino dominante con el bate de béisbol? Hummmmmmmm.

gorrioncito dijo...

A mí tampoco me llama el cine erótico pero me encantó la película póstuma de Kubrick, y no sólo eso, Eyes Wide Shut es una de sus películas que más me gustan. Me entusiasma la estética de la película, me entusiasma Nueva York en Navidad, y me fascina el terror que me produce su banda sonora, cuestiones todas con nada que ver con el erotismo. De Nymphomaniac he visto la primera parte y me pareció una tomadura de pelo, y eso que de ese director tiene algunas películas que me gustan.
El Cartero siempre llama dos veces (con Jack Nicholson), Fuego en el cuerpo (con William Hurt), Lunas de Hiel (de Polanski) son películas del género erótico que no están nada mal. Son cine.

PD. Respuesta: Donde más le doliera… Exactamente allá, jajajajaja

El lenguaraz dijo...

Aún recuerdo "la inquietud" (por llamarla de un modo elegante) que me produjo la escena de: El cartero... Desde entonces, cuando voy a amasar pan, me peino por si entrara Jessica Lange en mi cocina. No basta con mostrar piel para hacer erotismo, hay que hurgar en zonas más profundas para enlazar más con el caprichoso deseo y sus códigos febriles.
Como Ud., no tengo la menor intención de ver siquiera la primera de las sombras del tal Grey; los fenómenos de masas nunca fueron lo mío, tras picar en algunos de ellos hace décadas.
Como la mayoría de la gente a la que escucho (además de oír) comparte mis reparos, puede que nunca me entere siquiera si la película o los libros valen la pena.

Luilly dijo...

Los best-sellers no son sinónimo de obra maestra, muchas veces me han resultado vacíos, superficiales y simples más bien, es el resultado de un sistema de marketing que garantiza las ventas. En el caso de "las 50 sombras de Grey",(sólo he leído el primero y con mucho esfuerzo), es un claro ejemplo, un libro que es un truño, que no despierta ni alberga esperanza en levantar... pasión alguna, máxime cuando uno se ha dejado cautivar por «Justine o los infortunios de la virtud», « Historia de O»... etc. Las películas citadas gorrioncito, a mi me han parecido bastante aceptables, solo añadiría una más «Infiel» de Richard Gere y Diane Lane,

Pero dicho esto, ¿qué le iba a decir a mi compañera de trabajo, (la consejera de esta lectura) cuando me pregunto si me había gustado?.¡¡ Claro!! diciéndome previamente que había devorado la trilogía, y que había vista la películas dos veces.